Si bien el retorno a la normalidad era algo esperado, esta vuelta a clases 2022 ha significado un gran desafío tanto para los niños/as, jóvenes y sus padres. Tras prácticamente dos años de funcionamiento plenamente a distancia o de forma hibrida, el año actual nos invita a retornar a las labores completamente presenciales, y con ello levantarnos mas temprano, reordenar las rutinas, coordinarse dentro del núcleo familiar para que nada falle; y dentro de toda esta vorágine, hacer borrón y cuenta nueva, poner esperanzas positivas y decirnos: «bien, a esperar lo mejor». Entonces, con todo lo anterior, ¿nos encontrábamos preparados para volver? y esta pregunta debería responderse mas allá de lo meramente logístico.

Al comienzo del año escolar han venido una serie de cuestionamientos par los padres, pues con lo primero que han debido lidiar es con esa sutil amenaza del contagio por Covid 19, tener que hacer cuarentena hasta que todo riesgo pase y luego volver a la dinámica diaria. Aparte de ello las familias han advertido de alguna u otra forma que las cosas han cambiado, pues ante todo los integrantes del hogar debieron pasar mucho mas tiempo juntos, aprender a conocerse y aceptarse, o de otro modo al menos a tolerarse un poco más, lo que para muchos significó un gran desafío. Niños y jóvenes han vuelto a clases habiendo pasado mas tiempo consigo mismos que con sus pares, ¿acaso trajo esto un poco de autoconocimiento para el sistema familiar? ¿acaso los padres aprendieron a observar a sus hijos un poco mas? ¿aprendieron los jóvenes a conectar con sus emociones? quizás aún es temprano para sacar conclusiones, pero algo es seguro, hemos cambiado, no somos los mismos a la vuelta de esta especie de pausa, y están pasando cosas en el ámbito emocional de nuestras familias.

Se podría advertir que las afectaciones están a flor de piel, niños inquietos que quieren espacio, atención, juego y además esperan que sus necesidades se satisfagan; por otra parte están los jóvenes que desbordan en emociones, que somatizan en distintas direcciones como la depresión, ansiedad, crisis de pánico, conflictos, entro otros; y no olvidemos a los padres, que con mas o menos herramientas para ello, deben asumir los nuevos cambios en sus hijos/as y en si mismos, ya que los adultos a cargo son también seres sintientes y por ende, sometidos a sus emociones.

El 2022 será el año recordado como aquel en que pequeños y grandes debieron regular su sentir, buscar apoyo, ser sostenidos, acompañados, pues no es fácil retomar un barco que estuvo casi varado por un tiempo y que ya debe volver al mar. Por ende, es momento de estar atentos, de ser auténticamente empáticos, es el año de conectar verdaderamente con los demás y comprender que el paso lo debemos dar entre todos. Conceptos como el acompañamiento emocional, el apoyo, la ayuda mutua, la colaboración deben ser estandartes de estos tiempos.

Finalmente ¿Cuál debiese ser un objetivo social hoy? pues, posiblemente uno podría ser escucharnos, también aprender a decir que sentimos y poder apoyar al que está mas débil en su sentir. Ya podemos palpar los obstáculos en aulas y patios, y debemos escoger entre mirar de forma punitiva o de forma comprensiva y con ello de la misma forma a toda una comunidad educativa, la que a la vez es parte de esta sociedad que avanza a medida que aprende de todo lo que que nos ha pasado.

Sebastián Guerrero.

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